La Moskitia frente a una epidemia más de esta crisis civilizatoria

Por: LARRY MONTENEGRO BAENA*

No es necesario esperar a que los monocultivos de palma aceitera desaparezcan todo el detritus de los suelos ácidos de las selvas tropicales de la Moskitia para relacionar los constantes brotes de Malaria, Dengue o Chicunguña con este agronegocio. La ecuación es muy simple. La indiscriminada tala de árboles para el cultivo de palma permite que las copiosas lluvias de la región laven toda la sedimentación orgánica acopiada con la hojarasca, micelio, hongos, residuos de animales y animales muertos acumulado por años como biomasa, que, una vez lavada por la lluvia deja solamente lodos olorosos o con restos de vegetación sólida que permiten la formación de charcas, idóneas para los criaderos de mosquitos transmisores de estas enfermedades.
Ante la crisis sanitaria mundial desatada por el nuevo coronavirus, la región autónoma de la Costa Caribe sur y norte de la Moskitia nicaragüense se encuentra expuesta no solo a una epidemia hemisférica como la malaria (Plasmodium vivax), sino también a una pandemia como el SARS-Cov-2 (causante de la Covid-19). La primera como consecuencia de la desaparición de los bosques primitivos de la región y la segunda por la destrucción del hábitat de especies silvestres que albergan naturalmente estos patógenos virales en sus organismos. Ambas tienen una relación en común: aparecen en nuestro ámbito como consecuencia de la huella humana sobre la naturaleza.
El mosquito del género Anopheles se desarrolla, por ejemplo, en condiciones creadas por el avance de la frontera agropecuaria que depreda los bosques tropicales y humedales para el expansivo agronegocio de palma, pero también para los emergentes sistemas de ganadería. Los hábitats de anfibios como sapos y ranas que se alimentan de mosquitos y de otros tipos de dípteros transmisores de enfermedades son arrasados, provocando, en consecuencia, no solo la gradual extinción de nichos biológicos endémicos, flora y fauna, sino que también propicia la cohabitación de especies salvajes con otros tipos de especies de animales o incluso con humanos que ya juntos pueden desarrollar nuevas erupciones epidémicas por el expedito tráfico de microbios.
Así como ocurrió con el Ébola en África o la enfermedad de Lyme en Estados Unidos, la exposición irrestricta de la fauna salvaje con las comunidades humanas puede ser más grave de lo que parece. Recordemos que la Lepra de Montaña, así como el Mal de Chagas, no se desarrollan fortuitamente, sino que tiene un antecedente en la explotación irracional de los ecosistemas que genera como consecuencia el desplazamiento forzado de diversas especies de animales hacia los entornos humanos y la fructífera cohabitación de sus microbios en los cuerpos de las personas. Es decir, la causa fundamental de las enfermedades zoonóticas tiene su historial en las prácticas extractivistas de las agroindustrias y la industria ganadera.

En ese sentido, frente a estas epidemias provocadas y proliferadas por la huella humana y en vista de la ausencia de una política sanitaria institucional para los pueblos originarios y comunidades interculturales de la Moskitia, la región se encuentra en una encrucijada: continuar con el modelo de desarrollo agropecuario que impone Nicaragua o contrarrestarlo con proyectos regenerativos y agroecológicos que le permita a los territorios indígenas constituirse en una confederación ecoterritorial con sus propios sistemas normativos y sanitarios.

En Nicaragua la industria cárnica es un mercado fluctuante y la cría de animales de corral es a menor escala y con poca capacidad tecnológica, pero en otros países industrializados, donde la cría de animales es masiva, las mortíferas enfermedades originadas en la industria cárnica ganadera, porcícola, avícola y hasta en la piscicultura industrial, es una constante fuertemente cuestionada por organizaciones ecologistas que han abierto el debate público, incluso, dentro de los movimientos sociales, campesinos, indígenas y políticos que exigen un cambio urgente de ese paradigma de rentabilidad de la industria agroalimentaria del planeta y su insostenible modelo de producción.
Como es de suponer, este modelo de producción cárnica a gran escala no solo ha facilitado el engendro de bacterias como el Escherichia coli, sino también la virulenta gripe porcina H1N1, la gripe aviar H5N1 y la letal EEB en la carne de ganado vacuno. Pero, para alimentar a estos animales de crianza industrial, se necesitan grandes extensiones de tierras agrícolas para el monocultivo de granos para la elaboración de piensos compuestos y, como bien sabemos, el avance de la frontera agrícola es una realidad que propicia nuevas enfermedades con la destrucción del hábitat de diferentes especies del reino animal y sus microorganismos patógenos.
En ese sentido, frente a estas epidemias provocadas y proliferadas por la huella humana y en vista de la ausencia de una política sanitaria institucional para los pueblos originarios y comunidades interculturales de la Moskitia, la región se encuentra en una encrucijada: continuar con el modelo de desarrollo agropecuario que impone Nicaragua a los territorios de la Moskitia que solo genera — además de expolio de recursos, desterritorialización y colonización — también dependencia con la centralización fiscal, administrativa y asistencial o contrarrestarlo con proyectos regenerativos y agroecológicos que le permita a los territorios indígenas, afrodescendientes, municipios mestizos y espacios de la biosfera, constituirse en una confederación ecoterritorial con sus propios sistemas normativos y sanitarios tradicionales, formas de organización social asamblearia, seguridad alimentaria y sus propias políticas públicas interculturales de desarrollo eco-relacional, tal como lo están haciendo organizaciones territoriales como el CRIC en el Cauca, Colombia, los Mapuche en el Wallmapu en Chile, el zapatismo en Chiapas o los Purépecha de Cherán, ambos en México; los Kurdos en el Kurdistán, los Sharahuis en el Sahara Occidental o los Papuanos en Papúa Occidental.
Esta pandemia del nuevo coronavirus puso nuevamente en cuestión no solamente el sistema de producción global capitalista, sino también el sistema político liberal y su norma democrática representativa que encarna la cuadrada figura del proyecto republicano, centralizador y monopólico del Estado-nación que solo funge de vector del insalubre sistema-mundo/moderno/colonial.
Por esta razón, frente a esta crisis civilizatoria nos corresponde como región sociodiversa, biodiversa, originaria e intercultural, asumir nuestro horizonte societal alternativo hacia la confederación ecoterritorial como instancia e interpelación al desarrollismo extractivo y al centralismo político, tal como lo están planteando muchos otros pueblos en otras latitudes del continente Abya Yala y en otras geografías en resistencia. Solo nuestros territorios salvan su territorialidade.

 

*LARRY MONTENGRO BAENA es confederalista ecoterritorial | Sentipensante en el Movimiento por la Descolonización de la Moskitia|

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