Situaciones no covidianas: El estado de las gentes en el Estado de Costa Rica

Por: NELISE WIELEWSKI NARLOCH*

Costa Rica ha sido país que los medios de comunicación han destacado por su forma de afrontar la pandemia provocada por el coronavirus. Ha logrado tener las cifras más bajas en relación a otros países de Centroamérica, tanto en cuanto al número de personas contagiadas como la cantidad de fallecimientos a causa de esta enfermedad. El mérito de esta posición, sin sombra de dudas, se debe  a las acciones gubernamentales conjuntas entre el Ministerio de Salud y otras instancias  lideradas por el Dr. Daniel Salas Prendas.

Una de las acciones tomadas por el gobierno de Costa Rica para el manejo de la información sobre la pandemia fue la publicación de comunicados de prensa por el Ministerio de Salud (MS). Del 20 de enero al 27 de mayo del 2020, en la página electrónica del MS, se publicaron 106 comunicados y se divulgaron también vía televisión nacional. Los contenidos de estos comunicados tenían como énfasis datos demográficos sobre el número de contagios por el COVID 19 y los lineamientos dictados por parte de esta instancia gubernamental para afrontar la situación. De esta forma, estos comunicados de prensa pasaron a formar parte de la vida cotidiana de la población costarricense y motivo de comentarios en las redes sociales y en las familias.

Otra acción del MS para afrontar la pandemia fue la instauración de lineamientos nacionales para la vigilancia de la infección del coronavirus; para los servicios de salud públicos y privados se dictaron formas y funciones de atención directa e indirecta a personas que presentaran síntomas.  Estos lineamientos indican los protocolos de atención y seguridad en los aeropuertos, zonas fronterizas y establecimientos de salud públicos y privados. Otra iniciativa del Ministerio de Salud fue la elaboración y divulgación de protocolos sanitarios; estos consisten principalmente en el correcto lavado de manos, la forma adecuada de estornudar, y el correcto uso de mascarilla. Aunado a estos protocolos, se lanzó una campaña con el eslogan “quédate en casa”, que invitaba a la población a permanecer en casa; también se difundieron afiches y videos informativos relativos a la conformación de burbujas sociales como medio de prevención del contagio. 

Como se puede ver, las acciones del MS se destacaron por la transparencia y la preocupación por la salud de la población desde el inicio de la pandemia. Con el eslogan “quédate en su casa”, el mensaje divulgado ha llegado hasta los sitios más alejados, promoviendo una destacada campaña preventiva que permitió contabilizar y acompañar los casos positivos de la enfermedad.  

¿Cómo estas acciones han sido recibidas por la sociedad en general?

Para esta reflexión, tomaré como referencia dos grupos de contacto a los que tengo acceso; uno compuesto por familiares, amigos y estudiantes con quienes mantengo contactos por WhatsApp y reuniones virtuales. Estos se ubican en la región Valle Central del país; poseen una posición económica estable, estudios universitarios y están empleados. El otro grupo está conformado por mis vecinos de un pueblo ubicado en la zona costera del Pacífico Central del país; este grupo vive prácticamente del turismo que se genera en la localidad.

Las personas del primer grupo han tomado las medidas dictadas por el Ministerio de Salud de manera religiosa. Han mantenido estrictamente los protocolos de aislamiento domiciliario, han cumplido, con determinación, las medidas preventivas dictadas por los medios oficiales. Se encuentran con sus familiares mediante llamadas y encuentros virtuales. Resuelven sus necesidades de consumo a través de servicio de entregas a domicilio, provenientes de redes de supermercados y otros comercios que funcionan con esta modalidad. Difunden mensajes provenientes de expertos y científicos sobre la situación de la pandemia, como también mensajes de contenido religioso, peticiones y plegarias para sí mismos y para los que consideran más vulnerables.

Las personas vecinas residentes en la zona costera han tenido un corte drástico en sus ingresos provenientes del sector turismo. Por ejemplo, quienes trabajaban prestando servicio de transporte, en el sector hotelero, hospedajes, restaurantes, han visto cómo los turistas abandonan la región, especialmente por el  cierre de las playas. Las pequeñas tiendas de artesanías y servicios al turista esperan ansiosos la reapertura del comercio; sin embargo, los empleados han sufrido la peor parte, especialmente aquellos que tienen que pagar alquiler. Un importante grupo social de clase media depende del alquiler de establecimientos comerciales y hospedajes.

Muchos empleados del sector turismo han visto reducidas sus jornadas laborales o se les ha cancelado el contrato de trabajo. El dilema que viven es pagar el alquiler o comprar comida.  Para estas personas, seguir la medida de “quédate en tu casa” significa no tener como sobrevivir. Conozco muchos integrantes de este segmento de trabajadores del turismo que han sido auxiliados por programas de asistencia social provenientes del Estado, municipalidad e instituciones privadas y religiosas. Otros han recurrido a la providencia divina para hacer frente a la crisis, es decir, dejan las cosas relativas a la salud y la economía en manos de la solidaridad espontánea y en última instancia en “las manos de Dios”.

Entre estos dos grupos sociales se ubican las personas adultas mayores con ingresos muy bajos y en una situación de vulnerabilidad social importante. La población envejecida ha sido, tal vez, el estamento social cuya marginación, discriminación y exclusión se ha puesto en evidencia con mayor énfasis. En el actual modelo de sociedad caracterizado por la producción y el consumo, una persona, al dejar de ser productiva, ya no es necesaria para la reproducción del capital y, por lo tanto, se torna desechable, un estorbo. La vulnerabilidad en la vejez en época de coronavirus es todavía más evidente cuando se convergen otros factores, como el ser mujer, indígena o afrocostarricense. A estas poblaciones, ni el sistema de salud, ni la sociedad en sí misma han dado una respuesta adecuada.

 Al ser declarada la pandemia en Costa Rica, los servicios de cuidados paliativos paralizaron las visitas domiciliares dejando sin atención a las personas adultas mayores con enfermedades terminales u otros tipos de males que ameritan el alivio a sus sufrimientos. Las clínicas de la Caja Costarricense del Seguro Social concentran su atención en el COVID 19 y en las emergencias, pero dejan en segundo plano a este grupo social y sus situaciones no covidianas.       

 Talvez una cosa es cierta en todo este escenario generado por la pandemia: el sector social de personas empobrecidas aumentará; los ricos serán más ricos y los pobres, más pobres y en mayor cantidad. El abismo o la brecha social será más grande y más evidente de lo ya existente en Costa Rica. El aumento de la pobreza significa un mayor desamparo de la población y más vulnerabilidad social.

 Desde la perspectiva de las Teologías Latinoamericanas de la Liberación, existe un compromiso por la vida de las personas; y estas teologías reflexionan precisamente sobre y a partir de grupos de personas vulnerables y empobrecidas. De acuerdo con esta perspectiva, se podría decir que el incremento de la brecha social no ha sido causado por el Coronavirus, sino por una crisis permanente del esclavizador poder financiero neoliberal.

 El nuevo coronavirus ha venido para cambiar muchas cosas. Pero ¿cambiará el orden económico y político establecido previo a la pandemia? ¿Serán creadas las condiciones para vivir la vida cotidiana con dignidad y justicia según el principio evangélico de amor al próximo como a sí mismo? La crisis actual presenta una excelente oportunidad para generar una reflexión crítica cuyo horizonte sería un nuevo y efectivo orden mundial, de justicia y solidaridad y contra el sistema hegemónico capitalista y del mercado. Si este sistema no cambia, no hay posibilidad de un nuevo proyecto de sociedad.

*NELISE WIELEWSKI NARLOCH es profesora en la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Univesidade Nacional de Costa Rica

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