Managua estalla, y no son buenas noticias para la Costa Caribe de Nicaragua

Por Dolene Miller*

La Costa Caribe de Nicaragua, compuesta por una población multiétnica (indígenas, afrodescendientes y mestizos) por lo general se muestra pasiva ante los vaivenes de la política nicaragüense y de las decisiones del poder. Sin embargo el 03 de abril del presente año se sintió amenazada por la quema de más de 6000hc de bosque de trópico húmedo en su reserva más conservada, la Indio Maíz, ubicada en el territorio de pueblos indígena Rama y afro descendiente Kriol (Creole) en la Región Autónoma del Caribe Sur.

El incendio de bosque primario fue supuestamente producto de la quema de media manzana de tierra para la siembra de arroz, esto fue relatado por el campesino Miguel Díaz quien, según la prensa nacional, después de la investigación de la policía de Nicaragua confeso su delito presentando un encendedor como prueba de lo que provocó el incendio.

Ante este incendio forestal, que el experto nicaragüense en temas medioambientales Jaime Incer Barquero califico como la de mayor proporción en toda la historia del país, los estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA) iniciaron protestas con plantones y demandas al gobierno central para el cuido y la conservación ambiental porque el gobierno de Nicaragua reaccionó tarde ante el siniestro, porque rechazaron la ayuda del cuerpo de bomberos de Costa Rica y porque el ejército de Nicaragua no permitió la entrada de ningún medio de comunicación para cubrir los hechos, más bien restringió el área siniestrada como si se tratara de un sitio de alto interés militar del país aun cuando pocos días después, se permitió el acceso de brigadas ambientalistas pro gobierno, para reforestar el mismo sitio del siniestro.

Fue en este contexto de protestas medioambientales que surgió un fuerte estallido social en la capital Managua, nadie la vio venir sin embargo la decisión del presidente Ortega de emitir un decreto presidencial inconsulta para reformar la Ley del seguro social afectando a los cotizantes y pensionados con un corte del 15% y 5% de sus pensiones parece que fue el detonante.

La protesta inició el jueves 18 de abril y fue protagonizado por los mismos jóvenes universitarios que protestaron por la quema de la Reserva del Indio Maíz.

Ortega sin consultar con los sectores económicos agrupados en la Cámara Superior de la Empresa Privada (COSEP) y organizaciones sociales del país aprobó unas reformas que en su esencia iba a incrementar los impuestos al seguro social que cotizan los trabajadores, así como de la patronal. Esta decisión no agrado a la población nicaragüense y provoco una ola de protesta de los adultos mayores que dependen de sus pensiones para sobrevivir considerando que el país es uno de los más pobres en Latinoamérica, con una tasa de desempleo de aproximadamente 75% aun cuando la macroeconomía presenta cifras muy alentadoras de crecimiento anual.

Después de nueve días de protesta y con un saldo de 63 muertos, 15 desaparecidos y aun un número considerable de personas en las cárceles, la Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos (ANPDH) presento acusación ante la Fiscalía de Nicaragua acusando al gobierno de Nicaragua y a los altos mandos policiales de crímenes de lesa humanidad, demandando la investigación de las muertes de los jóvenes incluyendo la muerte de un periodista de Bluefields en el ejercicio de sus funciones; la búsqueda de los desaparecidos y la excarcelación de las personas ligadas a las protestas del derogado decreto del seguro social que la presidencia de Nicaragua había realizado el pasado domingo 29 de abril, donde pretendía calmar la protesta de los jóvenes universitario que ya no solo protestaban por el decreto presidencial sino también por los otros asuntos de interés nacional iniciando con los fraudes electorales, el nepotismo de la familia gobernante, la violación de la libre expresión de la población, la violación a la Constitución Política y leyes del país y la violación a los derechos humanos de todos los nicaragüenses.

Como medida de la sublevación del pueblo nicaragüense iniciada por estudiantes universitarios y teniendo como motivación las reformas del seguro social,  el ejecutivo de gobierno, pidió a la Iglesia Católica servir de mediador y testigo de un dialogo entre el gobierno y los estudiantes universitarios ahora conocidos como Movimiento 19 de abril, con la sociedad civil y el Movimiento No al canal! que con 98 marchas han protagonizado la resistencia campesina para la derogación de la Ley 840 (ley de concesión del canal interoceánico en Nicaragua). Estos dos movimientos sociales (campesinos y estudiantes) han sido víctima de la agresión brutal de la policía por las demandas que han presentado en cuanto al respeto de sus derechos; se suma a esto las represiones que el gobierno ha hecho a las organizaciones de sociedad civil con la cancelación de personería jurídica, restricción a los recursos económicos, cierre de espacios de comunicación de periodistas independientes y la incapacidad del gobierno de investigar los asesinatos y desapariciones de personas indígenas así como la invasión de tierras comunales de la Costa Caribe nicaragüense.

En este estallido social poca atención se ha dado a los problemas de la Costa Caribe de Nicaragua, el problema se enfoca en Managua, en la capital donde el gobierno ha querido mantener una imagen de paz y tranquilidad para los de afuera y ejerciendo un férreo control a los medios de comunicación para evitar que surja los problemas de los pueblos indígenas y afrodescendientes que han sufrido persecución, muerte de comunitarios indígenas, invasión de colonos en tierras comunales así como explotación irracional de los recursos naturales como lo que sufrió la Reserva de Indio Maíz.

En la mesa de dialogo no se escucha las voces de los pueblos indígenas y afrodescendientes, porque no han sido mencionados como sujetos de derechos que deben ser escuchado, el gobierno de Nicaragua no ha invitado a este sector como lo han hecho con los estudiantes, los campesinos y la sociedad civil, revelando con esto que para el ejecutivo los problemas sociales, políticos, económicos y culturales de la Costa y su autonomía no deben ser considerados en el dialogo, lo cual es irrisorio cuando el proceso de Demarcacion y Saneamiento de las tierras comunales ha cobrado más de 30 vidas de indígenas lo que ha sido motivo de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que obliga al estado nicaragüense a respetar las vidas de los indígenas y afrodescendientes,  a sus tierras comunales amparados en la constitución política, el Convenio 169 de la OIT y las leyes especiales de Autonomía y Demarcacion territorial.

La Costa Caribe no ha sido llamada a la mesa de dialogo con el gobierno de Nicaragua aun cuando territorialmente representa a más del 50% del territorio nacional, representa el 11% de la población nacional destacando en el que la población indígena y afrodescendiente, está organizada bajo un régimen de autonomía, con sus tierras comunales que están protegidas por leyes especiales y que existen dos personas asesinadas en estas protestas que hoy claman justicia.

La voces nicaragüenses demandan un cambio estructural en Nicaragua y a eso se suma las voces multiétnicas de la Costa Caribe, especialmente cuando sus consejos regionales autónomos han sido producto de los fraudes electorales, cuando las concesiones de sus recursos naturales son explotadas sin el consentimiento libre previa e informada de las autoridades comunales, cuando hay injerencias en los asuntos comunales y territoriales y cuando el estado nicaragüense no pretende cumplir con las sentencias de la CIDH en los casos de Awas Tingni vs Estado, para el caso de YATAMA vs Estado y en el caso de la Dra. María Luisa Acosta vs Estado nicaragüense.

Si el estado y el gobierno de Nicaragua no cumple con estos temas de trascendencia para los pueblos de la Costa Caribe, los estallidos sociales no lograran solucionar las grandes necesidades de la población nicaragüense y dejara nuevamente a la Costa Caribe como un territorio anexado abierto a la explotación y sin alternativas viables para el desarrollo y el respeto a los derechos humanos de su población multiétnica compuesta por Indígenas, afrodescendientes y mestizos de habla castellana.

 

  • Dolene Miller Bacon es Psicóloga Social, Asesora técnica del gobierno Comunal Creole de Bluefields y Asesora técnica Alianza de Pueblos Indígenas y Afrodescendientes de Nicaragua

** Este texto también ha sido publicado en Nomada, como parte del intercambio colaborativo con O Istmo.

 

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