Nota del editor de O Istmo: La elección de Abelardo de la Espriella en Colombia puede representar un cambio geopolítico importante para Centroamérica, no tanto por su capacidad inmediata para definir caminos regionales, sino porque modifica la correlación de fuerzas nacionales en nivel latinoamericano. Se fortalece un eje de gobiernos conservadores en el continente, con énfasis en los discursos “mano dura” para el tema seguridad. El alcance real de sus efectos dependerá de la evolución de la relación colombiana con Estados Unidos y de la respuesta de los gobiernos centroamericanos. Pero habrá deberá haber mayor coordinación política con gobiernos ideológicamente afines y un debilitamiento de mecanismos regionales impulsados por gobiernos de izquierda; puede consolidar un nuevo eje regional centrado en seguridad, liberalización económica y estrecha cooperación con Estados Unidos.
Por: CARMEN ELENA VILLACORTA / JUAN PABLO RUSSO – integrantes del equipo del boletin centroamericanista CLAROSCUROS*
El domingo 21 de junio se desarrolló el balotaje de las elecciones presidenciales en Colombia. El resultado del pre-conteo, dado a conocer el mismo día de los comicios, dio por ganador al candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella, por un margen menor al 1% del total de votos. Espriella se apresuró a proclamarse como nuevo mandatario, secundado por otros presidentes de su orientación política, empezando por Donald Trump quien prácticamente se adjudicó dicho “triunfo”: “lo apoyamos y ganó”, aseguró el presidente estadounidense:
El escrutinio oficial fue dado a conocer el miércoles 24 de junio ratificando el resultado, con una diferencia de 250 mil votos entre los 2 candidatos en unas elecciones que convocaron a más de 26 millones de colombianos, un 63.5% de participación, porcentaje histórico en el país. El candidato progresista Iván Cepeda reconoció el pre-conteo y decidió reconocer también el escrutinio, pese a un sinnúmero de irregularidades que fueron denunciadas por la ciudadanía y los testigos electorales en las mesas de votación. La primera contravención a la normativa electoral consistió en aceptar a Espriella como candidato, dado que miles de las firmas presentadas para la aprobación de su postulación eran falsas.
A partir de allí, se dio inicio a todo tipo de irregularidades, desde la coerción del voto en entidades públicas y privadas, hasta la compra de votos descarada, como fue documentado y denunciado por votantes que grabaron en sus celulares. Todo esto ha sido denunciado, entre otras personas, por el abogado constitucionalista colombiano Luis Guillermo Pérez, ex presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), quien ofreció detalles sobre el fraude en el canal independiente Palabras Mayores:
Pero, ¿por qué hablar de Colombia en un boletín centroamericanista? Por varias razones. La primera de ellas es que Claroscuros práctica un centroamericanismo latinoamericanista. Subrayamos que Centroamérica forma parte importante de América Latina. También deseamos llamar la atención de Centroamérica respecto de su pertenencia a un continente que lo excede. Suramérica y Centroamérica se afectan mutuamente y la ubicación geográfica de Colombia, en el ombligo de Nuestra América, hace decisiva la coyuntura actual.
Cuando nos referimos en el último número de Claroscuros al Honduras-Gate, apuntábamos, precisamente, a esta co-determinación. Juan Orlando Hernández (JOH), ex presidente de Honduras -caracterizado por nuestro colaborador hondureño Marel Alfaro como el mayor narcotraficante centroamericano- se vanagloriaba de haber aportado 500 mil dólares a la campaña de Javier Milei en Argentina. Revelando así la existencia y modus operandi de la actual ultraderecha internacional: hay conexiones, financiamientos, respaldos. Son un cónclave.
Jamás da igual cómo se resuelve una contienda entre un pueblo y las élites económicas en un país: son luchas políticas decisivas que inciden en toda la región. Las victorias animan a luchar y echan por tierra la supuesta imbatibilidad de las clases dominantes. Las derrotas esparcen pesimismo y frustración. Por eso decidimos participar activamente, porque este resultado afecta la perspectiva de liberación de los pueblos en Nuestra América. Espriella llega a Colombia (dado que no residía en el país) a profundizar el neocolonialismo, la violencia capitalista, el colapso ecológico y el machaque a las condiciones de vida de las mayorías populares
Por eso, en un sentido, el pasado domingo se jugó uno de los partidos de definición del futuro más próximo de toda América Latina y Centroamérica. Colombia y México venían siendo, con sus contradicciones, un obstáculo para la aplicación a fondo de la nueva doctrina trumpista para el continente, que reúne en su primera plana política a lo peor de la pequeño-lumpen-narco-burguesía latinoamericana: bien cipaya, bien violenta y bien miserable.
También es cierto que, haciendo frente al inminente peligro, se desplegó una organización y participación por abajo que causa esperanza. Artistas, jóvenes, influencers, funcionarias públicas, académicos, gente de a pie, millones de personas participaron activamente en la batalla de ideas y llamaron a cerrarle el paso al monstruo fascista. Es la conciencia colectiva acumulada por una parte del pueblo colombiano que persiste y es un gran obstáculo para las élites que todavía se creen -y se desean- impunes. Por eso, si no es por la viciada vía de las urnas, la contienda continuará en las calles y en un debate público que ha sido abierto, franco, creativo y prometedor. Después de todo, fue así, con la movilización popular y no de otro modo, que en 2021 quedó malherida la derecha recalcitrante y Petro pudo llegar al gobierno.
Los gobiernos de Nayib Bukele en El Salvador y de Javier Milei en Argentina son espejos macabros del futuro que el neo fascismo le ofrece a Colombia hoy, recargado de violencia, misoginia y desprecio por el medioambiente. Cabe señalar que ni en la sociedad salvadoreña que eligió a Bukele ni en la sociedad argentina que eligió a Milei se produjo lo que la población colombiana demostró: su capacidad de “echarse al hombro” la campaña por Iván Cepeda. Es que en los casos de Argentina y El Salvador, la derecha extrema supo ascender al poder explotando la desazón provocada por el peronismo y el FMLN -las principales fuerzas progresistas en cada caso- muy desgastadas, asimiladas a la politiquería tradicional e inoperantes como herramientas de transformación real frente a los ojos de millones. No es el caso, por fortuna, de Colombia: el Pacto Histórico se mantiene como una fuerza política viva, que aún expresa de forma genuina la voluntad de cambio de millones, nacida del estallido social.
En cualquier caso, está claro es que debemos luchar, sumar fuerzas y aportar al combate antifascista. Por eso publicamos un número especial sobre la definición del balotaje en Colombia. Agradecemos especialmente a las y los colombianos que ofrecieron sus reflexiones para hacerlo posible.
**Este texto se publicó originalmente el sábado 20 de junio en cuanto editorial del boletín centroamericanista CLAROSCUROS en las vísperas de la elección en Colombia. Fue ampliada y modificada incorporando información sobre la resolución del balotaje para publicación actualizada en el sitio electrónico de la Articulación Centroamericanista O Istmo. Puedes leer a Claroscuros aquí:https://claroscuros.substack.com/












