QUETZAL BEATS: una articulación sobre hip hop, diásporas e identidades centroamericanas

Por: Aleksander Aguilar Antunes y Paula Sofia Ayala *

 

Hace seis meses, mientras se preparaba para subir en la pequeña y precaria tarima del festival Quetzal Beats en una esquinita de la salida del metro del icónico Mac Arthur Park, en Los Angeles, la rapera Rebeca Lane, con una sonrisa sincera, comentó a un compa: “back to the roots”. La referencia tenía que ver directamente con la estructura que disponíamos para el concierto – realizado el pasado diciembre en aquella famosa ciudad gringa, cuna histórica del hip hop y corazón de la migración centroamericana en las últimas décadas. A pesar de haber sido uno de los más bien articulados eventos callejeros específicamente centroamericano de ese género artístico en California, no dispuso de patrocinios de ninguna marca famosa (¡ni de cualquier otra marca!) y por lo tanto era sin duda desproveída, improvisada, complicada; condiciones en que tantos artistas tantas veces se presentaron en eventos de raíz de la escena.

Indirectamente, sin embargo, el espontaneo comentario de la más conocida rapera de la región, invitada especial desde Guatemala y estrella de nuestro festival-acto, también condensa una importante amplitud de sentidos que la idea de ‘raíz’ contiene y genera al tenerse en cuenta la consistencia de la elaboración conceptual y el tamaño del esfuerzo práctico (todo movido a trabajo colectivo-colaborativo y financiado únicamente través de donaciones) que el Quetzal Beats encerró y todavía envuelve.

Porque el Quetzal Beats no fue, y no lo es, solamente un evento, sino una iniciativa y un proceso. Es una articulación sociopolítica y cultural centroamericanista que a través de la potencia, cualidad, e historia de la escena hip hop centroamericana ha estado diseñando y promoviendo, sin caer en trampas de los clichés ni aceptando las ideas pre-fabricadas sobre ‘centroamericanidad’, iniciativas para centralizar y distinguir tanto la pluralidad de las identidades en América Central como la importancia estratégica de una conciencia identitaria regional propia. Es el espacio donde nuestras realidades vivenciadas en cuanto diáspora vibran, saltan y hablan juntas en rabias, lamentos, inspiraciones, humor y alegría. Es donde nuestros marcos políticos nos son solamente reclamados, sino construidos por la necesidad de denunciar, visibilizar y proponer nuestras existencias y nuestras disidencias a través del intercambio de experiencias de voces interseccionales y transnacionalmente conectadas sobre lo que entendemos que es y lo que puede ser una identidad centroamericana.

¿Y cómo lo hicimos? ¿Cómo lo hemos estado haciendo? Primero tomamos en cuenta el marco político bajo lo cual se encuentran nuestros pueblos centroamericanos: han estado sujetos durante mucho tiempo a la represión, a los estigmas y a la opresión generadas por expulsiones masivas y desplazamiento de sus territorios, ya sea a través de políticas económicas neoliberales destructivas, gentrificación o intervención militar. Criminalizados (y mismo deshumanizados, véase los torpes comentarios de Donald Trump) en los Estados Unidos y en México, en otras partes del globo somos una comunidad que no solo ha sido invisibilizada, sino también descartada en términos generales como actores/productores/innovadores culturales y sociales.

Luego, asumimos la escena hip hop centroamericana en cuanto un movimiento social transnacional y una herramienta educacional – el más creativo y elocuente eje de contenidos culturales y sociopolíticos en la América Central actual – que reta estereotipos, expande entendimientos y comparte experiencias adentro y entre pueblos centroamericanos en sus territorios o en diáspora. Invitamos a todos y todas en luchas no apenas para imaginar futuros liberados, sino  para hacerlos viables a través de nuestras formas cotidianas de resistencias comunitarias. Y si la ciudad de Los Ángeles ya es teóricamente parte de las ‘fronteras ampliadas’ centroamericanas por su vínculo migratorio histórico con nuestros territorios nacionales, seguramente eso se verifica también en la efervescencia práctica de la escena hip hop en todo Estado de California hoy en día.

Las alianzas interraciales hechas a través de la cultura hip hop han sido específicas con las comunidades de refugiados Hmong y Laotion en Fresno, conocidas por defender los estilos de breakdance en el Valle y la jardinería comunitaria urbana; también las comunidades indígenas de Oaxaca y del sur de México que están revolucionando el hip hop a través de la preservación de las lenguas indígenas, y la diáspora afro, incluido Afro-Latinx, que catapultó la escena underground del hip hop de Fresno con eventos de hip hop, de base y comunitarios de hip hop en patios y parques.

Utilizamos, por lo tanto, interacciones audiovisuales estéticas-culturales con contenido histórico-político que hemos podido articular gracias al potente crew que logramos reunir, un colectivo comprometido en entretejer hip hop, anticapitalismo, auto sustentabilidad y luchas territoriales que tiene sus raíces oficiales en 2017, cuando Paula y Aleksander se conocieron en en Nicaragua. Ahí descubrieron que ambos eran miembros de la segunda generación de la diáspora centroamericana viviendo en las partes Norte y Sur del continente, y empezaron a trabajar conjuntamente para la elaboración del proyecto que resultó en este vigente proceso de identidades políticas y culturales centroamericanas.  Ambos, en cuanto parte de la comunidad diaspórica de Centroamérica en los Estados Unidos y en Brasil, respectivamente, han estado comprometidos a traer América Central al centro de los movimientos y debates sociopolíticos y culturales en sus países de residencia a través de alianzas con comunidades marginadas que igualmente han enfrentado xenofobia y discriminación institucional, y así promover iniciativas que buscan romper con ese ciclo.

Tal como Jared Ball en I mix what I like (2011) se ha inspirado en  la obra de Steven Biko, I write what I like (2002), para nombrar y definir un marco teórico-político para su libro – que busca encorajar la utilización del mixtape de hip hop como un fundamental medio de comunicación para generar una consciencia crítica respecto un ambiente mediático que, al fin y al cabo, intenta mantener mentes y espíritus de los pueblos afro-americanos bajo la hegemonía de la colonialidad, blanca, del poder – nosotros análogamente hemos pensado el hip hop centroamericano en cuanto estrategia de problematización y creación de nuestras identidades, denunciar violencias, y fomentar acción sociopolítica. Las coincidencias en los caminos de vida personal y política de cada uno de los miembros del Quetzal Beats en cuanto artistas, académicos, organizadores y nómades han permitido que se conformaran como un equipo Ana Karina Pano, Paula Sofia Ayala, Federico Peixoto y Aleksander Aguilar Antunes.

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Paula Sofia Ayala es artista visual, académica, y educadora hip hop en California. Una de las muchas hijas de la diáspora salvadoreña en los 1980 que nació y creció en la multitud y complejidad de haber sido racializada como ‘otro’, particularmente por el aislamiento cultural del espacio predominantemente blanco y mexicano de la ciudad de Fresno, región central de California.

Ana Karina Pano, o Dj A’Luv, es una organizadora comunitaria, trabajadora social, feminista y promotora de hip hop que, con origen en el Estado mexicano de Chiapas, creció en California como indocumentada y ha sido impactada por el sistema de justicia estadunidense respecto a temas migratorios por más de una década. Esa experiencia personal propia le ha conllevado a organizarse con grupos comunitarios de base alrededor de temas sociopolíticos juntamente a colectivos latinos/indígenas, feministas y proyectos de cultura hip hop. Actualmente trabaja en proyectos de apoyo para que mujeres presas y ex – presas en presidios y centros de detención en los Estados Unidos regresen a sus familias y comunidades.

Aleksander Aguilar Antunes también es uno de los hijos de la diáspora de los 1980, sin embargo su familia salvadoreña encontró acogida en el Sur, en Brasil, en lugar del tradicional destino norte-americano. Hoy es periodista, escritor, académico y organizador político-cultural, con amplia experiencia en articulación con movimientos sociales y comunitarios e investigación social, que ha estado en coordinación y curaduría de una variedad de proyectos de arte y de media, particularmente relacionados a temas centroamericanos, con destaque para la red-plataforma ‘O Istmo’ (www.oistmo.com).

Federico Peixoto, también conocido como Dj Gafeto, es productor y director de videos, eventos y videos hip hop en Costa Rica, su país natal, y en toda América Central. Desde los 1980 ha estado escuchando y coleccionando música de toda variedad de géneros que ha logrado obtener, tocando guitarra en bandas de punk y de rock y haciendo videos de skate. Con esa experiencia,  ‘Gafeto producciones’ ha nacido en la mitad de los años 1990 y desde entonces ha estado haciendo la documentación de una variedad de expresiones culturales del underground costarricense.

La amistad y las experiencias de Paula y Ana en la cultura del hip hop en la ciudad de Fresno (California) y en México y América Central las han expuesto a expresiones y variaciones emergentes de la escena. Sus experiencias en cyphers, por ejemplo, predominantemente con hombres trabajadores no-blancos, se han informado de las experiencias de las comunidades negras, indígenas y urbanas / rurales, en cuanto MC´s feministas viajeras transnacionales. Estos espacios les han permitido expresar y desarrollar una voz, un estilo de Djing y una narrativa propia que se pueden relacionar con la experiencia de muchas mujeres de la primera generación en la escena, pero que también las diferencian en sus identidades como mujeres, particularmente como mujer del istmo centroamericano, afectadas directamente por Intervención militar, desplazamientos, y por el trauma de la guerra intergeneracional.

Con este crew, la iniciativa Quetzal Beats ha sido programada y ejecutada a partir de dos grandes acciones:

a) una serie de talleres en gira por diferentes ciudades de California para presentar en campi, comunidades y espacios de arte conversaciones audiovisuales sobre hip hop, política y feminismos en América Central;

(b) un festival de música y acto político, comunitario, abierto y gratuito, en el más importante espacio público de la historia de la migración centroamericana en Los Ángeles, el Mac Arthur Park.

Los talleres los realizamos de 13 al 27 de noviembre del año pasado. Han sido fechas de coincidencia casi precisa con los tiempos de marcha de hermanos y hermanas en caravanas migrantes hacia la frontera estadunidense desde nuestros territorios centroamericanos (la mayoría de Honduras y de El Salvador) – probablemente una de las situaciones más dramáticas de la historia de nuestras diásporas. Con el hip hop cruzamos el Estado de California cuestionando y promoviendo nuestro lugar, nuestra identidad, nuestra cultura. Nos subimos en el carrito de Pau desde Los Ángeles hasta San Francisco, con paradas en cada lugar que acogió nuestra presentación: Sol Collective Art-and-Ativism; Fresno City College; Pomona City College; and Sacramento City College.

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Cada taller era una performance: sesiones de dj, freestyle rap, proyección de videoclips de artistas de hip hop de la región, debates teóricos y políticos centroamericanos. Con recursos limitadísimos, hemos contado con la poderosa articulación de la red de compañeras de Pau en cada una de las ciudades en que estuvimos para hospedarnos en sus salas y sillones (¡Muchas gracias particularmente a Luz y a Nicole!) y con la propia familia de Pau y de Anita, durante los días en la ciudad de Fresno.  A esa gira le nombramos Quetzal Beats tour, y hemos contado también con la especialísima participación del rapper Comandante Lenca. Tuvimos como destaque la presentación del tráiler y debate con el director del documental “Tlacuilos”, que presenta la historia del graffiti (uno de los principales elementos de la cultura hip hop) en Centroamérica. Federico Peixoto, o Dj Gafeto, ha realizado ese trabajo a lo largo de 20 años de recolección y edición de material en toda la región, y su primer largo-metraje tiene el muy aguardado estreno para este año de 2019.

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Y entonces el 1 de diciembre, nuestro punto alto: realizamos nuestro festival hip hop y acto centroamericano en área central de Los Ángeles. Con más de seis horas de duración,  además de nuestra participación como integrantes del Quetzal Beats crew, logramos reunir en clave comunitaria (¡a quienes también agradecemos muchísimo!) a una cantidad de artistas renombrados del hip hop centroamericano e invitados especiales del talante de Ephniko, Ruby Red, Mixteko, Moha Uno, Mala Yerba,  Myka 9, y Rebeca Lane. Artistas centroamericanos, artistas caribeños, artistas indígenas, artistas mujeres. Nosotros realizamos todo el evento a puro pecho y manos:  desde el cargar la gasolina para el pequeño  generador de energía que alquilamos, y las placas de madera con las que hicimos de tarima (las cuales tuvimos que llevarlas amarradas en el techo del carrito de Pau), hasta el coordinar el micrófono donde, además de rap en beats y cyphers tuvimos intervenciones sobre las situaciones de los pueblos indígenas y testimonios de la experiencia de refugiados y de violencias y desaparecimientos políticos en Centroamérica, con Nana Margot, Kenia Murillo y Melisa Cardoza.

EL TWEET/BEAT DEL QUETZAL

“La cola de Quetzalcóatl” está entre las alegorías que se puede encontrar en referencia geográfica, política o sociocultural a los territorios que hoy conocemos como América Central. Si la América del Norte puede ser representada por el águila, y la América del Sur por el cóndor, el bello y pequeño quetzal es el pájaro representante regional que tiene fundamento en las cosmovisiones de una variedad de pueblos de nuestros territorios. La divinidad ‘Quetzalcóatl’ de las culturas mesoamericanas hace referencia a la ‘serpiente emplumada’ (de quetzal, nombre común del pájaro pharomachrus mocinno, y cóatl, serpiente) que representa las energías telúricas que ascienden, es decir, la vida, abundancia, alimento físico y espiritual.

En el idioma inglés, el sonido que emite un pájaro es un ‘tweet’, pero en el medio hip hop nuestro quetzal hace ‘beats’. Esta es  la rima y el simbolismo que elegimos para contribuir con el hacer visible las situaciones políticas, las cuestiones sociales y las producciones culturales de nuestros pueblos centroamericanos.

Nosotros creemos que el hip hop vale la pena porque salva vidas. Porque las pandillas en Centroamérica son un grande, complejo y, en muchos casos, peligroso fenómeno sociopolítico. En esas estructuras miles de jóvenes se organizan como respuesta a la condición de marginalidad, violencia y precariedad material en que viven. En el movimiento hip hop, en lugar de un estilo de vida marcado por el crimen que les quita la vida tempranamente, jóvenes encuentran música, poesía, grafiti y danza. En Centroamérica el hip hop puede ser el elemento que desencadenará una industria para la cultura – en contraste con la idea de una ‘industria cultural’ – que es necesaria en la región.

Buscamos problematizar la propia idea de ‘región centroamericana’ a través de la historia, del arte y de la geopolítica. Especialmente a partir de la articulación de esa escena  hip hop, que reivindica una identidad centroamericana – y todo lo que eso puede significar –  creemos que la propia idea de ‘región’ también se construye. Los artistas y grupos de hip hop en América Central poseen una identidad común que logra desafiar las diferencias étnicas y nacionales, sin negarlas, a través de conexiones territoriales, regionales e internacionales. Al mantener en sus letras y actitudes posiciones de protesta y denuncia, la política que realiza no es la que se presenta en el marco de instituciones gubernamentales, sino la que genera un sentido de comunidad y de pertenecer con posiciones ideológicas que van más allá de las fronteras y autoridades formales de cada Estado-nación centroamericano.

Reivindicamos una identidad centroamericana, y la vez la construimos cuando también afirmamos que ‘región’ puede ser más de lo que uno asume o cree que lo es. El hip hop centroamericano, en nuestros territorios formales o ampliados, construye Centroamérica porque integra pueblos, respeta sus cosmovisiones, culturas y agencias políticas. Nuestra ‘raíz’ no es una identidad esencial, no es un comienzo, sino un fin, y con el Quetzal Beats estamos contribuyendo no hacia a un regreso a ella, sino devolviéndonos a su construcción.

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  • PAULA SOFIA AYALA es artista visual, académica, y educadora hip hop en California. Una de las muchas hijas de la diáspora salvadoreña en los 1980 que nació y creció en la multitud y complejidad de haber sido racializada como ‘otro’, particularmente por el aislamiento cultural del espacio predominantemente blanco y mexicano de la ciudad de Fresno, región central de California.
  • ALEKSANDER AGUILAR ANTUNES también es uno de los hijos de la diáspora de los 1980, sin embargo su familia salvadoreña encontró acogida en el Sur, en Brasil, en lugar del tradicional destino norte-americano. Hoy es periodista, escritor, académico y organizador político-cultural, con amplia experiencia en articulación con movimientos sociales y comunitarios e investigación social, que ha estado en coordinación y curaduría de una variedad de proyectos de arte y de media, particularmente relacionados a temas centroamericanos, con destaque para la red-plataforma ‘O Istmo’ (oistmo.com).

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