Análise: “La guerra continua en El Salvador”

quijano

Por Amaral Palevi Gómez Arévalo*

El Salvador 9 de Marzo de 2014, un poco más de 22 años de culminación del conflicto armado por medio de los Acuerdos de Chapultepec del 16 de Enero de 1992. Más es impresionante que el Dr. Norman Quijano, candidato del Partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) a la Presidencia de la República, luego de conocer los resultados preliminares de la segunda vuelta, en la cual daba una mínima ventaja, pero suficiente para hacerse con la victoria por parte del candidato del Frente Farabundo Martí Para la Liberación Nacional (FMLN), haya expresado que “su partido está en pie de guerra” y que “La Fuerza Armada está lista para hacer democracia”; retrocediendo 50 años en la historia de El Salvador, en donde sólo una persona que no haya vivido en carne propia los horrores de una guerra, puede hacer un llamado para que esta se lleve a cabo.

Para muchos está declaración puede parecer fuera de contexto, ya que en el programa de gobierno Plan País, presentado por el Dr. Quijano establece que por medio de la Educación se fomentará la cultura de respeto a la legalidad, la seguridad ciudadana debe de tener como resultado la paz social, fortalecer el dialogo nacional y el Estado de Derecho (Plan País, p. 4-5). Pero al escuchar declaraciones que evidencian un irrespeto a la legalidad: “lo legal a veces no es lo justo” en donde el Estado de Derecho quiere ser utilizado a su antojo, lo cual puede conducir al quiebre de la poca paz alcanzada por la población: fin de un conflicto armado interno en 1992.

Los resultados de las elecciones presidenciales 2014 en El Salvador, en segunda vuelta, no pueden gustar a todos/as, sobre todo a quien se asume como perdedor. Pero lo que resulta inaceptable, es que se esté llamando a la guerra nuevamente,  un posible golpe militar al Tribunal Supremo Electoral para secuestrarlo e invalidar el proceso electoral realizado. Las cosas  están definidas, el Tribunal Supremo Electoral con el 100% de las actas revisadas em el escrutínio final ARENA obtuvo 1,489,451 (49.89%) y el FMLN (50.11%) 1,495,815. Los votos impugnados fueron 3,198; 19,579 nulos y 8,915 abstenciones. Dos mensajes muy claros han dado estas elecciones para los partidos, al FMLN: estos 5 años de gobierno no han convencido y la mitad del pueblo salvadoreño no está de acuerdo con su gestión y para ARENA, siguen sin convencer, a pesar de su campaña del miedo, y sobre todo por los casos de corrupción desvelados en los últimos meses que acontecieron en los períodos que ellos administraron el ejecutivo. Por lo cual se necesita tener una visión de global del estado y no parcial de las ideología partidarias para gestionar la cosa pública al interior de El Salvador.

La declaración del Dr. Quijano, debe de llevarnos a un análisis más profundo que el simple hecho que un candidato haya perdido en una elección presidencial. Lo que realmente queda evidente es la fragilidad democrática constituida en El Salvador desde un enfoque de Paz Negativa. Desde la Investigación para la Paz se establece que este tipo de paz es descrita como  aquella donde un conflicto armado concluye, pero que el telón de fondo de la estructura y supraestructura que dieron origen al conflicto bélico no mudó, y con ello el conflicto violento se mantiene latente. Por ello cada elección presidencial, de diputados y alcaldes se convierten en extensiones del conflicto armado; la forma de hacer política se enmarca en estrategias de guerra y la convivencia social se mantiene a la zozobra hasta cuando un acontecimiento puede detonar un nuevo conflicto armado. Lo cual el partido Arena está reforzando la idea de inestabilidad y fragilidad política, que puede conducir a un conflicto social imitando las acciones promovidas para la oposición venezolana actualmente.

La concepción de paz negativa, como vemos es muy limitante, pero este caso se vuelve más paradigmático cuando nos encontramos que esta concepción ha sido institucionalizada. Esta institucionalización se dio por medio de los Acuerdos de Paz firmados en 1992. En donde la finalización de la guerra por medio de los Acuerdos de Paz, repercute en que se considere que la ausencia de guerra es la condición de paz que se necesita al interior del país, a pesar de que cada coyuntura electoral reaparece la violencia que roza con el belicismo de combate de guerra abierta.

Desde la Derecha Política Conservadora se habla de Paz Social, “Paz social que, en el fondo, no es otra sino la paz privada de los dominadores”, tal como lo planteo Paulo Freire pedagogo latinoamericano en 1973 en la Pedagogía del Oprimido; paz social que se orienta a la perpetuación del status quo existente. En donde cualquier manifestación en contra posición del oficialismo conservador, es una afrenta y desequilibrio a la paz existente y con ello se le tilda de “revoltoso” y hasta “anti patriótico” a cualquier persona o grupo social que reclama Derechos. Más cuando son ellos los que reclaman supuestos derechos violados, se rasgan las vestiduras y manifiestan que lo hacen en nombre de la patria y otras cosas parecidas.

Ahora pasando al lado de los movimientos sociales de izquierda y el FMLN, la Paz y la Cultura de Paz se estructura en un proyecto político que se manifiesta como descolonizador y antiimperialista. Lo cual no quita el riesgo que una persona o un grupo, sin ética, interpongan el eslogan de la defensa de la paz como justificación para acciones violentas. Para que esto no llegue acontecer se debe de recordar las sabias palabras de Gandhi que La Paz es el camino, no el final de nuestras acciones.

El Salvador debe de transitar de la Paz Negativa a la Paz Positiva. Esta tipo de paz persigue la armonía social, la igualdad, la justicia y, por tanto, el cambio radical de la sociedad, según lo  indica Johan Galtung, noruego precurso de la Investigación para la Paz. El camino que propongo para este fin es la Reconciliación. La reconciliación al ser un proceso relacional y de reconocimiento mutuo de daños causados (aunque impleque abrir las heridas no cicatrizadas de la guerra), conllevando la convicción de restaurar y establecer compromisos de no volver a repetir los daños. Definiendo una clara opción, como objetivo superior por construir visiones de futuros compartidos entre las personas, comunidades, colectivos y sobretodo en los partidos políticos.

La reconciliación debe partir de la reconstrucción del pasado para reconocer el presente y proyectándose al futuro. Transitando desde los sentimientos de desconfianza, hostilidad y odio hacia los de respeto, confianza, solidaridad, armonía, participación y desarrollo compartido, al interior de las sociedad salvadoreña.  Sin reconciliación, no se podrá alcanzar ninguna cultura de paz.

*Amaral Palevi Gómez Arevalo é Docente de Ensino Superior, Doutor em Estudos Internacionais em Paz, Coonflitos e Desenvolvimento (Universitat Jaume I), Graduado em Ciências da Educação (Universidad de El Salvador). Gestor de projetos de desenvolvimento comunitário com jovens, homens e atenção à população LGBT. Promotor de cultura de paz, a partir de meios audiovisuais.

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