Análise: “Costa Rica, la USAID y las inaceptables agresiones contra Cuba”

*Por Andrés Mora Ramírez

En el mes de marzo del año 2009, Costa Rica restableció relaciones diplomáticas con Cuba, luego de 48 años de un distanciamiento que jamás debió suceder, pero al que desgraciadamente condujeron, por un lado, el clima de época de la Guerra Fría y las presiones e intereses inconfesables que motivan –hasta nuestros días- la política de Washington hacia la Revolución Cubana; y por otro lado, el servilismo de la clase política tradicional costarricense y su anticomunismo delirante, pilares del poder y la dominación desde mediados del siglo XX.

Esa decisión, más allá de que fue adoptada bajo un gobierno de derecha –el segundo mandato de Oscar Arias Sánchez-, reconocía el fracaso de la política de aislamiento de Cuba, impulsada por los sucesivos gobiernos estadounidenses; y más importante aún, constituyó la reparación de una deuda moral e histórica con el pueblo cubano y su lucha por la independencia, por el ejercicio del derecho irrenunciable a la autodeterminación y por la defensa de la integridad de su territorio.

Por ello, resultan inaceptables y repudiables en todos sus extremos los hallazgos de dos recientes investigaciones periodísticas que denunciaron las operaciones de desestabilización, subversión y abierta agresión contra Cuba, organizadas y ejecutadas desde Costa Rica por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés).

Recién en el pasado mes de abril, se conoció que una oficina en la capital San José fue durante tres años, del 2009 al 2011, la sede de operaciones del proyecto ZunZuneo: una red social diseñada para difundir mensajes de texto -con contenidos políticos subversivos- a más de 400 mil ciudadanos cubanos usuarios de teléfonos celulares (móviles), y cuyo desarrollo estuvo a cargo de una empresa contratista de la USAID (Creative Associates Internacional) que recurrió a todo tipo de maniobras “para ocultar sus vínculos con Estados Unidos, como la utilización de compañías extranjeras y servidores pagados vía cuenta bancaria en las islas Caimán”.

En su momento, los funcionarios de la embajada estadounidense en San José engañaron a la Cancillería costarricense y a la opinión pública al encubrir la existencia del proyecto ZunZuneo bajo la mampara del llamado Programa de Intercambio Latinoamericano de USAID, destinado a “aumentar la comunicación, enlaces e intercambios entre la sociedad civil democrática en Cuba y organizaciones de la sociedad civil latinoamericana y el Caribe, incluyendo Costa Rica”.

El último incidente, hecho público a principios de agosto, también involucra a la empresa Creative Associates Internacional en el envío de jóvenes de Costa Rica, Venezuela y Perú a Cuba, como parte de un programa para “identificar a actores sociales que pudieran impulsar un cambio social en la isla”. Los participantes, todos ellos inexpertos, fueron contratados para actuar como agentes de USAID y algunos recibieron capacitaciones en San José. En principio, las actividades a las que asistían los jóvenes se presentaba como de carácter artístico o humanitario, pero el propósito real era “incentivar una rebelión”, una suerte de primavera cubana a la medida de los planes de la Casa Blanca.

La Cancillería costarricense, bajo el gobierno de la presidenta Laura Chinchilla, presentó en su momento notas de protesta por las operaciones del proyecto ZunZuneo y reclamó -sin éxito- respuestas contundentes de parte del Departamento de Estado; en tanto que el nuevo gobierno del presidente Luis Guillermo Solís aún no se pronuncia por el funcionamiento de la ficticia red de intercambios estudiantiles. En cualquier caso, se trata de acciones tímidas, que en nada resuelven el problema de fondo, a saber, el uso del territorio costarricense para actividades ilícitas, que atentan contra el derecho internacional y las buenas relaciones diplomáticas, a vista y paciencia de las autoridades de migración, seguridad e inteligencia.

Costa Rica debe recuperar la dignidad: tanto en lo que respecta a adecentar sus instituciones y su sistema político, agobiado durante las dos últimas décadas por una corrupción rampante, como en lo que hace a la construcción de una política exterior soberana, que tenga al latinoamericanismo como uno de los principios que orienten la conducción de nuestro país en el concierto internacional.

Lo que se nos impone como obligación moral es acabar de una vez por todas con la peligrosa práctica de tolerar, por acción o por omisión, el uso de nuestro territorio por parte de la USAID, u otras agencias, para promover la agresión contra Cuba o cualquier otra nación. En ese plano, el gobierno del presidente Solís tiene aquí un doble desafío: afirmar su voluntad de cambio en Costa Rica con la ruptura de ese pasado espurio, que condiciona nuestras relaciones con los Estados Unidos, y al mismo tiempo, ejercer enérgicamente su liderazgo al frente de la CELAC en defensa de los intereses latinoamericanos.

 

*Andrés Mora Ramírez é comunicador Social, Mestre em Estudos Latino-americanos com ênfase em Cultura e Desenvolvimento pela Universidade Nacional de Costa Rica. Acadêmico no Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela) e no Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE). Co-autor do livro “Vendiendo las joyas de la abuela: identidade nacional y políticas culturales en Costa Rica 1990-2010″, publicado pela EUNED em 2013. É jornalista colaborador da Agencia Latinoamericana de Información (Alai) e outros meios de comunicação alternativos. (mora.ramirez@una.cr)

 

 

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