La movilidad es liquida

ENTREVISTA: de Daniel Matul* a Guillermo Acuña**

Sus viajes son un crónica de la vida en un región que se creó a partir de la movilidad de sus placas. Hace apenas un mes esta manera de viajar por la vida de la gente que se mueve a través de las fronteras lo llevó a ganar el Premio Nacional “Aquileo J. Echeverría” en la categoría de ensayo con su libro “Déjennos pasar”.

Un mes después de haber pasado por la estación del premio la situación derivada de la expansión del COVID-19 el mundo parece que ha entrado en una pausa. Es por esa razón que decidí entrevistar “al viajero”, al Premio Nacional, al escritor que lleva más de veinte años estudiando, reflexionando y viviendo las movilidades humanas.

Este es el resultado de una conversación que me hubiese encantado tener en vivo, como aquella que iniciamos hace a penas ocho lindos y movidos años.

[Cuatro de abril del 2020, fecha en que las medidas sanitarias iniciaron una restricción nunca antes vista en Costa Rica]

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¿El movimiento de las ideas va adelante o atrás del movimiento físico de las personas?

En el tema de las movilidades humanas, me parece que las ideas sobre el resguardo de las fronteras, la defensa de las soberanías territoriales y el uso de la fuerza para detener, disuadir, rechazar tales movilidades, han sido desbordadas por  nuevos procesos en los que las movilidades han asumido un rol político fundamental: han falseado los conceptos y los enfoques de frontera tal y como las conocíamos hasta mitad de la presente década, cuando la coyuntura europea y el paso de las migraciones transcontinentales por América Latina, mostraron esas líneas delgadas en que las fronteras deben ser reconceptualizadas.

Estos planteamientos vienen siendo trabajados por investigadoras como Amarela Varela, que ha colocado el tema de la subjetividad política migrante y la construcción de autonomías, como procesos de respuesta, de contestación frente a la lógica de articulación de los Estados.

Otro aspecto que conviene rescatar para el caso centroamericano, en esa línea, es la importancia absoluta que ha adquirido la frontera norte de la región (Guatemala-México), pero que las mismas movilidades humanas han cuestionado en otros planos territoriales.  Doy dos ejemplos sobre ello: la frontera Belice-México, igual de porosa, igual de trascendental para el paso de movilidades humanas; el tapón del Darién, espacio geográfico, territorial y social al sur de la región que referenciado como punto nervioso en las movilidades humanas, pero que recibe poco peso analítico.

 

¿El movimiento también es líquido según lo que Zygmunt Bauman establece?

Absolutamente. Lo está demostrando esta coyuntura. La orden sanitaria depone un mandato absolutamente esencial, base de toda normalidad: la movilidad es un acto normal, jamás puede ser considerado una irregularidad del sistema. Adquiere otro significado, eso sí, cuando al decir de Achille Mbembe los cuerpos son brutalizados por el sistema y adquieren ese sentido. Antes que esta Pandemia Global fuera lo que es, otras crisis globales impusieron categorías de nacionalidad, región, proveniencia geográfica, para eventos como el AH1N1, la gripe aviar y otros.

En este caso, aunque no se diga claramente, la distribución global de la pandemia no empezó por abajo, sino por arriba. Los aviones fueron obligados a poner pie en tierra, porque ellos transportaron el virus, lo movilizaron. Y desencadenaron un proceso global contemporáneo que hoy tiene sus peores manifestaciones.

 

¿Hay similitudes o diferencias entre el movimiento de un virus y el movimiento físico de la gente?

En este caso no. Creo que el movimiento empezó por el norte global y se diseminó hacia el sur. Entra tanto, la mayor parte de los 225 millones de personas que se movilizan hoy tienen dos sentidos: sur-sur y sur-norte. El norte global debe hacerse responsable por el impacto, porque ya está demostrado que COVID19 viajó tan rápido como pudo aprovechando los sistemas de conexión de las elites globales que siempre han tenido libertad de movimiento, libertad que no ha sido la misma para el sur global y sus procesos de desigualdad que generan cientos de personas desahuciadas de sus sistemas, personas descartables, como las llama Bauman.

 

¿Se puede predecir el movimiento humano después de la crisis sanitaria mundial?

Es muy difícil colocar un escenario predictivo que esté enteramente vinculado con los impactos de la crisis sanitaria mundial. Por supuesto que será un escenario global distinto y que comprometerá las movilidades humanas en todas sus dimensiones, pero en el tema de las libertades, de los derechos, de la relación con los estados de origen, tránsito y destino, variarán considerablemente las coordenadas conocidas, pues ahora, al enfoque de seguridad que se instaló a nivel global post setiembre 11, se le agregará un enfoque inmunitario global que seguirá construyendo sospechosos, según su estatus, proveniencia, etnia y comportamiento epidemiológico.

En el caso de las movilidades humanas centroamericanas, por ejemplo, no se vislumbran cambios a lo observado hasta hace dos meses. En enero hubo un intento de entrada colectiva de personas de Honduras a México que fue reprimido por las fuerzas de seguridad de aquel país. Ahora, en este momento, hoy, 300 migrantes hondureños “asegurados” en una estación migratoria en Hermosillo, intentaron amotinarse para solicitar medidas de seguridad higiénicas y evitar así el contagio.

Están siendo trasladados a una Honduras sitiada, en cuarentena absoluta y con niveles de violencia estatal y social que podrían recrudecer los efectos de la pandemia en aquel país. Por otro lado, 40 nicaragüenses en El Salvador, han solicitado insistentemente ser retornados a su país de origen, sin que su gobierno haya hecho nada hasta el momento.

 

 ¿Qué papel juega el movimiento físico en una época de encierro obligado?

Coloca en perspectiva el tema de las movilidades humanas. Por primera vez, al menos en la contemporaneidad, se plantea la reflexión sobre la normalidad en el movimiento, o al menos como entenderla así. Cuando los estados se apropian para si esa categoría, cambia y se denomina migración, que es una categoría socio-jurídica.

Entender el movimiento humano, físico, en una época de encierro, de distancia, de confinamiento, apunta a ponerse en los zapatos de quienes han sido golpeados, separados, humillados en su condición humana.

Pero también muestra las desigualdades más evidentes en épocas de “distanciamiento social”: no es lo mismo hacer cuarentena en una casa con todas las comodidades, internet, acceso a servicios de mensajería express, televisión por cable, etc a un confinamiento obligado en una colonia en un barrio popular en Tegucigalpa, donde el acceso a agua para consumo humano resulta un privilegio.

Dicho lo anterior, me parece que se recrudecerán las desigualdades en las movilidades humanas. No es lo mismo ser rescatado en un vuelo comercial desde Lima, con comodidades y con una orden sanitaria sugerida por tu gobierno al arribo a tu país, que lo que les espera a estos 300 hondureños cuando arriben a Tegucigalpa deportados, en medio de un clima internacional de restricción de fronteras.

La restricción de las movilidades en el encierro advierte la tensión y las paradojas que el sistema global habían creado. No desaparecerán: solo nos las hicieron más evidentes.

 

¿El movimiento físico se agota con el “quédese en casa”?

La persona debe diversificar sus estructuras, sus epistemologías de comprensión del entorno. Producto de los vínculos, de las herramientas y el acceso (que no lo tiene todo el mundo, estamos claros) es posible seguirse movimiento, estableciendo conexiones, desplazándose con otras herramientas.

La orden de quedarse en casa es disciplinaria, epidemiológica, estadocéntrica.

Pero más allá de eso, podría estar redefiniendo para todos el significado real de las movilidades, encontrándole su estructura de normalidad, que hasta hoy hemos entendido, bajo los marcos del estado-nación, como si fueran irregularidades del sistema. En este sentido hago mías las palabras de Solage Chavel (2015) cuando apunta una consideración sobre la normalidad de las movilidades que es válido reconocer:

entre los muy diversos y numerosos desplazamientos y movimientos que efectúan los seres humanos (ir de su cama a la ducha, tomar el metro para dirigirse al centro de la ciudad, pasearse en barco, tomar un tren con todas sus pertenencias para probar fortuna en otra parte…), algunos atraen nuestra atención porque en ellos se franquean límites de soberanía y algo determinante ocurre en lo que respecta a la vida y los derechos del individuo. Las migraciones nos interesan porque asimetrías particularmente significativas para la vida humana se pre- sentan al traspasar algunas barreras.

En otros términos, las migraciones atraen nuestra atención, nos inquietan y nos dan vuelta en la cabeza porque condensan una paradoja: la naturalidad del desplazamiento de un ser humano en tanto mamífero, por un lado, y la trascendencia en términos de vida, de derechos y de capacidades que se derivan de desplazamientos bien particulares, por el otro. El concepto convoca, pues, un fenómeno físico y biológico (un animal humano que se mueve en la superficie del globo a cierto ritmo y a cierta distancia) y un fenómeno institucional (la existencia de límites sobre un territorio determinado y la voluntad de administrar el stock de población que allí se encuentra). Si se adopta el vocablo migración, implícitamente se indica que el paso de la frontera, nacional por lo general, es en efecto el punto clave y significativo, el que convoca nuestra atención, nuestra crítica y nuestro estudio. (Chavel, 2015:38-39)

Concluyendo, hay una representación más amplia de movimiento que no debe agotarse en la solicitud de restricción y que debe dar paso a nuevas construcciones epistemológicas de dicha dinámica.

 

¿Qué relación hay entre incertidumbre y movimiento físico?

Es una reacción instintiva, refleja. Ante el miedo, lo desconocido, el cuerpo activa sus canales de respuesta. Uno de ellos es la movilidad. Un ejemplo fabulado quizá, divertido, es el del surfista que corre ante los disparos del policía en una playa costarricense. El resguardo de su seguridad lo obligó a moverse.

Pero tenemos ejemplos no muy felices y que nos dan cuenta de paradojas: las personas lanzándose al Río Suchiate desde el Puente cuando se vieron acorraladas por las autoridades migratorias mexicanas. Ante la incertidumbre, la respuesta. Por ello, la gente cuestiona desde su corporalidad, el que deba “encerrarse”, porque queda compelida a campo de acción restrictivo, ordenado por un Estado que no siempre cuida ni resguarda, aumentando la incertidumbre.

 

¿Es el movimiento físico una especie de metástasis de los males de nuestras sociedades?

Es una respuesta, y vuelvo a una de las primeras preguntas: adquiere un valor absolutamente político. Podríamos decir que estamos ante una política de la movilidad distinta, que adquiere nuevas estrategias, que se acomoda a las circunstancias. Lo concepción de metástasis la cambiaría por desafío: desafiar la frontera, la autoridad, la orden. Burlar la solicitud, sentirme en libertad, moverme.

Habría que hacerse estas preguntas, por ejemplo, desde las subjetividades con capacidades diferenciadas, para tratar de entender sus dinámicas, sus complejidades.

 

¿Si la gente se mueve de una sociedad a otra, la sociedad también se mueve? ¿Hacia dónde?

Creo que es un estado. Ahora estamos en el siglo de las movilidades, en la era de las migraciones según Sthepen Castles. Esa era está siendo redefinida. Lo que no podría anticipar es hacia donde se mueve eso que se está moviendo, eso que sabemos que son como placas tectónicas que han venido provocando varios movimientos bruscos, involuntarios o voluntarios. Creo que el afianzamiento de derechos de última generación está encontrando a la gente en movilidad en una subjetividad reconfigurada: más asumida políticamente, con agencia.

 

La historia del ser humano se ha movido entre el movimiento y la pausa. ¿En qué momento de ese péndulo estamos?

Creo que no debemos dejarnos llevar por la falsa ilusión de la inmovilidad, como si no pasara nada. Pienso que se están moviendo otras racionalidades, más conectadas con las personas y lo que eran. En eso el arte está haciendo su trabajo. Pero también nos estamos enterando que tras la piel, tras ese edificio gris, hay emociones, afectos.

Que nos desborda el dolor, pero nos atraviesa las ganas de ayudar, de estar, se construir. Esa falsa conciencia de quietud, de inmovilidad, no nos debe impedir seguir construyendo nuevas realidades más apegadas a la virtud, a la condición humana.

 

*DANIEL MATUL es  escritor y profesor de la Universidad Nacional de Costa Rica, Campus Nicoya.

** GUILLERMO ACUÑA GONZÁLEZ es sociólogo y escritor costarricense.  Docente universitario, investigador social y especialista en temas migratorios a nivel regional centroamericano. Trabajó en FLACSO Sede Académica Costa Rica durante 10 años. Actualmente es Director del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional, en Costa Rica. Como escritor Ha publicado Programa de Mano (2008), En Cuerda Floja (2014). Ambos con Editorial Arboleda, Costa Rica. Amares (2014), publicado por Editorial Ixchel, Honduras, En Ninguno de tus mapas (2015) y VOSTOK (2016), ambos publicados por Metáfora Editores, Guatemala. Una selección de sus poemas denominada “El fin de los días” fue publicada por Editorial Alebrije, Costa Rica, en formato artesanal (2013).

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