ANÁLISE: ”Honduras: conservación e intentos de resquebrajamiento del consenso bipartidista”

honduras_hydrocarbon

 

 

*Por Esteban De Gori

I

En Honduras el bipartidismo fue erosionado en términos electorales y ello se debió al surgimiento y participación del Partido Libre y del Partido Anti Corrupción que lograron de manera inédita una cantidad importante de adhesiones y votos. En la actualidad, estos partidos –a su manera y con estrategias diferenciales- intentan deslegitimar y fisurar algo mucho más complejo: el denominado, <consenso bipartidista>. Entendemos al “consenso bipartidista” al conjunto de concepciones, imaginarios políticos, rutinas estatales y políticas económicas consensuadas  en los inicios de los 80´por los partidos Nacional y Liberal y que tuvieron como característica central asociar políticas de libre mercado con un concepto elitista, instrumental y representacional de la democracia. Dos maquinarias electorales con un importante control de los territorios, de ciertas instituciones estatales y de las redes clientelares se convertían en el sostén y realidad de dicho consenso. Un consenso que tuvo tres consecuencias políticas y económicas significativas hasta 2009: 1. Construcción de un “Estado pobre” y “grupos económicos ricos” (déficit comercial, aumento de deuda externa y consolidación de grupos económicos ligados a los tratados de libre comercio y exportación de materias primas –principalmente- a EEUU). 2. La lenta erosión de la legitimidad partidaria tradicional debidaa la incapacidad de resolver demandas sectoriales o grupales. 3. Afirmación de imaginarios políticos vinculados a las derechas neoliberales y al neoconservadurismo, los cuales se transformaron en hegemónicos e indiscutible por mayorías electorales.

 

II

Con las elecciones de noviembre de 2013, la escena política en Honduras se modifica sustancialmente. El Partido Libre –principalmente- y el PAC –en menor medida- resquebrajaron el bipartidismo del sistema político, se tornan competitivos y logran una respetable cantidad de parlamentarios. Situación que les permite y los legitima para discutir las políticas vinculadas a la administración del Estado, al nombramiento de jueces, al presupuesto nacional, a la política de las fuerzas de seguridad, etc.

En el Congreso ambos partidos han decidido –en este último tiempo- intervenir en los debates y disputar los sentidos de la gestión de Juan Orlando Hernández, como así participar en la decisión sobre la integración del Tribunal Supremo Electoral. El cuestionamiento del Partido Libre y del PAC les valió la exclusión en esta decisión y se buscó reeditar –ahora a la fuerza- el  consenso bipartidista por el Partido Nacional y el Partido Liberal.  Frente al reclamo de partidarios y parlamentarios del Partido Libre, tanto en la calle como en el Congreso, el presidente de esta institución envió a la Policía Militar para la represión de los mismos. Ante ello, Manuel Zelaya advirtió: “Ustedes no son el dueño de Honduras, por lo tanto todos merecen la misma participación en la vida política e integración de las instituciones del Estado”. La disputa se había iniciado por el reclamo y presión de las nuevas fuerzas representativas de participar en diversas instituciones y controlar a los partidos tradicionales.

Más allá, de lo gravoso que es para un orden democrático la represión de parlamentarios y sus partidarios, más lo profundiza la represión en el Congreso –símbolo del pluralismo y del disenso- que la “transición democrática” que se inició en 1982 pretendió construir. Pero ello no es todo. Lo importante a considerar es que la pugna por la conservación y disolución de este consenso atravesará todo el mandato de Hernández y reconfigurará las modalidades del conflicto político en Honduras. El Partido Nacional y el Partido Liberal –en menor medida- se vieron “desafiados” por las nuevas fuerzas políticas con voluntad de rediscutir cuestiones que antes se lograban en un sistema de negociación, lobby y alternancia. La violencia política debe considerarse desde esta perspectiva y analizarla desde los nuevas demandas que han iniciado el Partido Libre y el PAC.

 

III

Una cuestión importante que debemos considerar para el análisis de estos meses es el siguiente: el único movimiento que posee presencia en las calles es el Partido Libre.  Es decir, es un movimiento en construcción, el cual ha planteado una lógica que articula lo “parlamentario” con lo “social” y seguramente entre lo que consideramos “lo social” debemos considerar a las organizaciones que integra el Partido Libre y al conjunto de alcaldes que tiene en todo el país. Libre es el partido más “corrosivo” para los partidarios del consenso bipartidista. Inclusive, podemos plantear que entre las filas del Partido Nacional y del Partido Liberal existen “nostálgicos” de dicha fórmula de gobernabilidad que no está dispuestos a negociar o reconocer la nueva realidad política del país. Y si ello persiste, la violencia política se seguirá extendiendo por la sociedad.

El otro dato político importante, es que ningún sector de la sociedad se movilizó para apoyar la represión exigida desde la presidencia del Congreso, ni tampoco –más allá de los partidarios de Libre- para condenar dicho acto. De esta manera, podemos sugerir que o bien, existe un apoyo ciudadano a estas acciones  o que efectivamente estamos ante una “sociedad” despolitizada o alejada de instituciones a los cuales no perciben como creíbles o viables.

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